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Caminar es de rotos

Se fue a estudiar ingeniería a una universidad privada en Concepción. Su papá le compró un departamento en un bonito barrio y un jeep en el que podía pasear su equipo de surf, sky y algunos cuadernos. Un día tuvo que llevar el vehículo al mecánico y se vio en la necesidad de trasladarse en micro. Se subió a una sin saber muy bien el recorrido y de pronto estaba en el centro. Se bajó asustado y caminó siguiendo su intuición. En eso apareció un vagabundo grande y violento que lo tomó de los brazos y le gritó “¡Tengo hambre!”.

Dago Flores

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